La frase suena bien, sí. Pero cuando la dices al equipo y nadie cruza esa puerta… algo no está funcionando, y lo malo es que usualmente lo que no funciona, no es la puerta…
Es lunes por la mañana. Tu equipo entra a la sala de juntas. Recorren los temas, resuelven algunas dudas y por cualquier cosa…, como cada semana, cierras la reunión con esa frase que has dicho durante años, casi sin pensarla, casi como un mantra organizacional: “recuerden que mi puerta siempre está abierta”.
Lo dices con honestidad. Lo dices porque lo crees. Lo dices porque quieres que las personas colaboradoras del equipo sepan que pueden venir cuando lo necesiten. Sin embargo, pasan las horas, los días, las semanas… y nadie cruza la puerta.
¿Te ha pasado?
Cuando esto sucede, la mente empieza a dar muchas vueltas y a interpretar el silencio. Tal vez piensas que es porque las cosas van bien. O quizás te dices que tu equipo es autosuficiente y resuelve todo por su cuenta. Algunas veces —y esto es lo más cómodo— concluyes que “seguro no traen temas pendientes”, y sigues con tu agenda.
Pero también hay un día, generalmente cuando ya es tarde, en el que aparece un problema que llevaba meses formándose, y descubres con sorpresa —y con cierto disgusto— que varias personas del equipo lo sabían… y que nadie te lo dijo. Ahí la puerta abierta, esa puerta que tú creías que estaba haciendo su trabajo, se revela como lo que en realidad fue: una ficción compartida. En ese imaginario tú creías que estabas comunicando y ofreciendo apertura, mientras tu equipo entendía otra cosa muy distinta…
¿Y qué entendía tu equipo?
Pues aquí es donde tenemos que detenernos un momento, en los posibles significados.
Piensa en esto… cuando un líder dice “mi puerta está abierta”, lo que está comunicando -aunque no lo perciba- es algo muy específico: si quieres algo, ven tú a buscarme.
¿Qué significa? Que la iniciativa deberá ser del otro. La carga del primer paso recaerá sobre quien quiera hablar, no sobre quien debería estar escuchando.
Es ahí donde se agrega un factor crítico al problema. El colaborador promedio dentro de los entornos laborales como el mexicano —donde muchos hombres o mujeres venimos de una cultura donde el respeto jerárquico se aprende desde la infancia, donde incomodar al jefe se siente como una falta, donde uno quiere demostrar que puede resolver las cosas solo, antes que pedir ayuda— no cruza esa puerta.
La realidad es que no la cruza, no porque no tenga nada qué decirte; ya que sí lo tiene. No porque no confíe en ti; muchas veces sí confía. Sino porque el costo emocional percibido de tocar esa puerta le parece demasiado alto, con pensamientos como: “¿y si lo interrumpo?”, “¿y si piensa que no sé hacer mi trabajo?”, “¿y si me expongo y luego pago el precio?”.
Finalmente, la puerta se queda abierta, y nadie entra. Mientras tú piensas: qué raro, mi equipo no trae temas… aún y cuando se sabe que los temas vaya que existen, y que el tema es que no encuentran ese camino que tú creías que habías diseñado para las personas que los viven.
Un hecho que podemos asimilar como primer paso para generar un cambio es que “La puerta abierta es pasiva: espera. Mientras que la agenda abierta es activa: invita.”
Es momento de dar el gran salto: de la puerta abierta a la agenda abierta.
En Lemon tree hemos visto este fenómeno en empresas de todos los tamaños, desde las PyME familiares hasta corporativos de gran estructura, y por eso queremos compartirte algo que sí funciona si lo que buscas es potenciar aún más la comunicación en tu equipo. El paradigma a romper va de reinterpretar el hecho de que la diferencia no está en abrir más la puerta, ni en gritar más fuerte que tu puerta está abierta. La diferencia está en cambiar el modelo por completo.
Imagina algo como esto: en lugar de tener una puerta abierta —pasiva, esperando que alguien decida cruzarla— habilitas una agenda abierta. Hablamos de un espacio semanal, breve, protegido, reservado para cada persona que te reporta en línea directa.
Algo importante a cuidar es que ese espacio no es para una reunión operativa, no es para revisar pendientes; es un espacio donde la otra persona sabe que ese tiempo es suyo, para hablar de lo que sea: de un freno, de una duda, de algo que vio en otra área, de un proyecto que le entusiasma, de algo que le pesa. Lo que sea. La idea es que tú, en ese espacio, no estés para resolver, sino que realmente aportes al escuchar de manera dedicada.
Al principio te parecerá costoso. Treinta minutos por persona cada semana, suena a un lujo cuando tienes la agenda llena de juntas operativas y de negocio; pero te invitamos a verlo desde otro ángulo: ese tiempo no es una inversión adicional, es una inversión que te ahorra las tormentas futuras, y que abona a generar un entorno en el que las personas quieren, pueden, saben y disfrutan participar.
No olvides una realidad usual… casi todas las tormentas que un líder atiende en una semana, son temas que alguien del equipo vio venir hace tres meses… y que no encontró cómo decírtelo. Ante este nuevo escenario de apertura, no sobra decir que fortalecer tus competencias de escucha y tu preparación en un Liderazgo Orgánico, será clave ahora que hay muchas condiciones que inciden en la motivación y desempeño de las personas en las empresas. Abrir la puerta y la agenda, conlleva responsabilidad y aprecio por las personas.
Ver una puerta abierta a lo lejos no basta, debes preparar eso que el equipo necesita ver en ti.
Cambiar la puerta por una agenda es un buen primer paso, pero no es suficiente. Hay algo más profundo que tenemos que contemplar y preparar, porque tiene que ver con lo que tu equipo lee de ti, casi sin que tú te enteres.
Recuerda, tu equipo no te mide por lo que dices. Te mide por lo que haces cuando alguien se atreve a decirte algo difícil. Si la primera vez que una persona del equipo te contradice -con respeto, con argumentos, con buena intención-, tu reacción es defenderte, justificarte, o sutilmente apartarla de un proyecto importante… ese mensaje se replicará a la velocidad del rumor -que en algunas oficinas supera a la velocidad de la luz…- con consecuencias críticas; al mes siguiente, nadie se va a atrever a decirte nada que se parezca remotamente a una contradicción o idea diferente.
Por eso, antes de prometerle y ofrecerle apertura a tu equipo, hazte unas preguntas personales más profundas, y analiza sus respuestas honestas: ¿qué pasa en mi cuerpo y en mi mente cuando alguien me dice algo que no quería escuchar? ¿Me tenso? ¿Me defiendo? ¿Lo recibo? ¿Lo agradezco?
Las respuestas a esas preguntas son las verdaderas puertas de tu liderazgo. Son más importantes que las puertas físicas. No son como la puerta simbólica de tu oficina, sino que son las que están dentro de ti.
Esta nueva apertura para con tus colaboradores sumará una característica más al interior de la conformación de tu Liderazgo Orgánico, en la que potenciarás y aprovecharás el espíritu de nuestra metodología SoftEngine. En ella, como seguramente recuerdas por otros artículos de El Limonero, hablamos de que las organizaciones tienen dos grandes componentes: el lado duro de su funcionamiento -procesos, sistemas, métricas, estructura- y el lado soft o suave, donde participan elementos clave en la Organización como lo son: la emocionalidad, la confianza, las conversaciones, los significados y los vínculos, entre otros.
Pues desde esa perspectiva, la puerta abierta es un gesto del lado hard: una decisión estructural, una intención formal; y la apertura real dada por tu postura de comprensión y de escucha se integra al lado soft. Este lado digamos, suave, es fundamental como puedes ver, ya que sin trabajo en ese sentido, la puerta física puede quedarse abierta cien años, y nadie va a entrar.
Para completar la idea, te queremos hablar de tres gestos que sí construyen apertura.
En Lemon tree queremos que los artículos de El Limonero no terminen sin algo que tú puedas llevarte para cada semana. Por eso es que te compartiremos tres gestos concretos que forman parte de nuestras técnicas de Liderazgo Orgánico. No son parte de una receta, son invitaciones para tu día a día.
El primer gesto es reservar tiempo, no solo abrir la puerta. Bloquea en tu calendario -ahora mismo si puedes-, treinta minutos por semana con cada persona que te reporta en línea directa. Etiqueta ese espacio en la agenda del colaborador y la tuya, de manera que se sienta desde el primer momento la relevancia que tiene para ti. Cumple esa cita con el mismo respeto con que cumplirías una con un cliente clave.
El segundo gesto es modelar la vulnerabilidad. Si tú no compartes nunca esas situaciones como cuándo estás dudando, cuándo te equivocaste, cuándo no sabes qué hacer, nadie en tu equipo va a hacerlo. La apertura se contagia, pero alguien tiene que empezar, y ese alguien -lo sabes- eres tú. No tengas miedo.
El tercer gesto es celebrar a quien te plantea otra mirada, y lo hace bien.. No al rebelde sin causa… sino al que con respeto, con buen timing y con argumentos, te dice las cosas empáticamente con frases como: “creo que esto podría tener otro ángulo que aún no estamos viendo”. Esa persona te está cuidando, y necesitas que el resto del equipo vea que cuidarte así, tiene futuro contigo, no un costo. Sumado a que trae beneficios para todos.
Ahora va una invitación final.
Tal vez al leer esto te identificaste con el líder que cierra la junta con la frase de la puerta abierta. Está bien. Casi todos hemos sido ese líder en algún momento. La invitación de hoy no es a sentir culpa, sino a darnos cuenta de algo importante: la apertura real no se declara. Se diseña y se vive.
De hecho en Lemon tree pensamos que se diseña con pequeñas decisiones cotidianas que, sumadas, terminan diciéndole a tu equipo: aquí sí vale la pena hablar.
Antes de tu próxima reunión de equipo, te invitamos a hacerte esta pregunta. No tienes que compartir la respuesta con nadie.
Y si pudiera cambiar una sola cosa esta semana para que mi equipo sintiera que sí vale la pena hablar conmigo, ¿qué sería?
Hacerte esta pregunta con honestidad, suele ser una acción más transformadora que cien declaraciones de apertura. Pruébalo.
Si después de eso quieres conversar sobre cómo se diseñan estos sistemas conversacionales de manera más amplia dentro de tu Organización, ya sabes que en Lemon tree estamos para acompañarte.
Nos encontramos en el próximo artículo.