El Limonero

Antes de liderar a otros… ¿realmente tienes ya un buen liderazgo de ti?

Cuando un líder aprende a gestionar su mente, sus emociones y sus reacciones, transforma no solo su desempeño… también la cultura, la motivación y el crecimiento de su equipo.
Cuando un líder aprende a gestionar su mente, sus emociones y sus reacciones, transforma no solo su desempeño… también la cultura, la motivación y el crecimiento de su equipo.

Esta es una pregunta que muy pocas veces nos hacemos cuando ocupamos un rol de liderazgo. Suele ser una pregunta inusual porque pues no es sobre estrategia, ni va de KPIs, de hecho no trata de cómo dar retroalimentación efectiva. Es sobre algo más íntimo, más personal y muchas veces incómodo; pero al mismo tiempo, plantea algo más poderoso que todo lo anterior.

La pregunta nos hace entrar en la gran reflexión acerca de ¿qué tan bien me conozco y acciono yo mismo como líder?

Hay quienes pensarán: ¿pero qué podría tener de relevante esta pregunta, si nosotros que somos responsables de los resultados de equipos de colaboradores en las organizaciones, ¡no somos cuestionados al respecto, en las reuniones de presentación de resultados!

Pues hay algo revelador …  la respuesta a esa pregunta profunda tiene más peso sobre la productividad, la motivación, la efectividad y la retención de talento de lo que muchos dashboards con indicadores clave logran mostrar. Es por eso que queremos abordar este tema clave para la generación armónica, incremental y sostenible de resultados.

Esta es la primera entrega de una serie de tres podcast donde vamos a explorar algo que en Lemon tree llamamos: Liderazgo Orgánico. 

Esa forma de dirigir que no viene de un manual de técnicas, sino de dentro de cada uno de nosotros. Que nace cuando alguien decide mirarse con honestidad, trabajar su mente y su emocionalidad, y desde ahí, impulsar los mejores atributos de aporte de las personas que lo rodean y que participan del logro de los objetivos.

El líder que nadie ve: tu liderazgo contigo mismo

Piensa en esto… existe una versión de ti que trabaja todo el día. Que toma decisiones, da instrucciones, resuelve conflictos, asiste a reuniones. Esa es la versión visible que conoce tu equipo, tus clientes, tu jefe.

Pero hay otra versión que muy, pero muy pocos ven… la que aparece cuando las cosas no salen como esperabas. La que muchas veces reacciona antes de pensar. La que se queda dando vueltas y vueltas a una conversación difícil a las once de la noche. La que a veces se pregunta si lo que está haciendo tiene sentido. La que incluso genera dudas que afectan la confianza… 

Seguro ubicas ambas condiciones a lo largo de tu vida diaria. La primera versión nos deja accionar desde el líder que queremos reflejar; pero la segunda es más aguda y muchas veces solo es perceptible por nosotros… puede tener mucho impacto en nuestra vida, en nuestro nivel de fortaleza y en nuestra capacidad real de potenciar nuestro aporte como líderes.

Digamos que la segunda versión es realmente relevante porque también lidera; de hecho, lo hace todo el tiempo y suele afectarnos de manera más profunda aunque a veces no lo notemos.

Marian Rojas Estapé, psiquiatra y autora del libro “Recupera tu mente, reconquista tu vida”, señala algo que resulta imposible ignorar: el cortisol elevado de forma crónica, a partir de ese estado de alerta constante que muchos líderes normalizan como parte del trabajo y que les genera ese deficiente manejo emocional, no solo agota el cuerpo; altera la memoria, deteriora la capacidad de tomar decisiones y reduce la empatía. Es decir: el estrés no gestionado desde el liderazgo personal e interior, literalmente cambia cómo lideras en todo tu entorno. Y es que velo así… no puedes dar lo que no tienes. No puedes generar calma y armonía en el desempeño en tu equipo si tú vives en estado de urgencia permanente.

Pero ¿qué pasaría si esa parte que está en tu interior, en tu liderazgo personal, se fortaleciera?

… Qué tal si se transformara en un liderazgo impulsor profundo.

Cuando hablamos de transformar la mente en el contexto organizacional, no estamos hablando solo de lecturas, frases o de talleres de desarrollo personal que usualmente quedan en el olvido al día siguiente.… Estamos hablando de algo mucho más concreto y muy bien sustentado en nuestra capacidad de cambio.

Ana Ibáñez, en su libro “Sorprende a tu mente”, propone que la neuroplasticidad, esa capacidad del cerebro de reorganizarse a partir de nuevas experiencias, es una herramienta realmente efectiva para el cambio. 

Pero resulta muy revelador lo que plantea: no hacen falta años de terapia para empezar a notar diferencias. Basta con entender cómo funcionan ciertos patrones automáticos que activamos en situaciones de presión, y comenzar a cuestionarlos.

Piensa en esto: ¿cuántas de tus decisiones como líder en los últimos treinta días fueron tomadas desde la claridad, y cuántas desde el cansancio, el miedo o la urgencia?

La pregunta no busca juzgarte y al principio no será fácil llegar a respuestas transparentes. Pero todo va de buscar abrirte una puerta.

¿Sabes porqué funcionará trabajar en esta pregunta? pues porque cuando un líder empieza a conocer sus propios patrones mentales, inicia el gran cambio… y algo especialmente interesante es que no solo hay cambios en él… cambia la dinámica de sus conversaciones. Cambia la forma en que gestiona los conflictos. Cambia el tipo de equipo que construye.

Es por este efecto de cambio interior, que en Lemon apostamos al Liderazgo Orgánico, que en su fundamento propone tomar como semilla de transformación el interior del líder, y desde ahí potenciar los efectos transformadores y de logro de objetivos del resto del equipo. 

Notarás fácilmente que la premisa es simple pero profunda: para ver por el cuidado de los demás, primero necesitas verte a ti mismo. No como un acto de egoísmo, sino como el fundamento de cualquier liderazgo sostenible.

También estarás de acuerdo que un líder que por ejemplo no duerme bien, que no gestiona sus emociones, que evita las conversaciones difíciles o que opera desde el piloto automático durante meses, eventualmente pagará un alto precio. Pero eso no queda de ese tamaño, ya que el precio es pagado por todo su equipo con baja motivación y bajo rendimiento sumado a todo lo que eso genera.

Por eso en esta serie de notas limoneras, no queremos hablar de técnicas para gestionar mejor a “otros”. Queremos hablar de ti. De lo que pasa en tu mente cuando lideras bajo presión. De lo que sientes pero que no siempre dices. De cómo comunicas, incluso cuando crees que estás siendo objetivo e impulsor.

Lo que buscamos es ayudar a que la esencia de tu personalidad líder, esté integrada con naturalidad a tu entorno. No como un rol que te pones al entrar a la oficina, sino como una forma de ser que se construye desde dentro.

¿Por dónde empezar a fortalecer el liderazgo interior?

Si algo resuena en ti después de leer esto, aquí va una invitación concreta para esta accionar semana:

  1. Identifica un momento en un día reciente, donde consideres que reaccionaste de una manera que en retrospectiva, no fue desde tu mejor versión.
  2. Ahora piensa, no para juzgarte, solo para analizar: ¿qué estaba pasando en ti en ese momento? ¿Qué necesitabas que no tenías?
  3. Escríbelo. No para alguien. Solo para ti. Piensa qué te gustaría haber hecho diferente.

Este pequeño ejercicio es el inicio de algo mucho más grande. Porque el autoconocimiento no se construye en un retiro de tres días. Se construye en los momentos ordinarios de tu vida como líder, cuando decides prestar atención.

Para construir ese nuevo liderazgo personal, te invitamos a hacer este mismo ejercicio con frecuencia.

En el próximo podcast de esta serie, vamos a hablar de la emocionalidad en el liderazgo: qué pasa cuando un líder no sabe qué hacer con lo que siente, cómo eso impacta a su equipo, y qué herramientas concretas existen para transformar eso en una fortaleza real.

Nos vemos la próxima semana.