El Limonero

El pensamiento estratégico no sirve… cuando no se alimenta de ideas innovadoras

Es curioso que en la mayoría de los estudios medios y avanzados en materia de negocios, se esté dando cada vez más peso al pensamiento estratégico, pero que no se estimule la mente innovadora de las personas líderes de organizaciones, con la misma vehemencia.
Es curioso que en la mayoría de los estudios medios y avanzados en materia de negocios, se esté dando cada vez más peso al pensamiento estratégico, pero que no se estimule la mente innovadora de las personas líderes de organizaciones, con la misma vehemencia.

Tal vez, se ha llegado a pensar que si bien una mente estratégica funciona de maravilla para el desarrollo de negocios y de organizaciones por su panorama, por su estructura y por su capacidad visionaria, una mente innovadora tiene más sentido en áreas como diseño de productos, marketing, e incluso para personas que se desempeñan en temas que atienden más a la estacionalidad o a generar nuevas corrientes o tendencias. Pero en realidad, en Lemon tree pensamos que la mente estratégica requiere de una alta capacidad de pensamiento innovador para poder dar su mayor aporte.

¿Te imaginas una idea innovadora sustentada en un buen pensamiento estratégico? ¡Uf! seguramente en ese caso, se lograrán grandes resultados.

Lo que sí es importante entender es que si solo eres estratégico, corres el riesgo de fallar en el logro de resultados destacados o diferenciales. Esto se da porque en muchas ocasiones, al no integrar toques novedosos, es más probable que:

  • Hagas casi siempre, cosas similares en las operaciones que diriges
  • Desarrolles sobre lo que ya existe, y que no siempre será lo más conveniente hacia el futuro
  • Puede que la rutina ponga demasiado de su peso, en las decisiones que tomes (algo como la inercia de un barco, en una misma dirección, que será complicado modificar)

De ahí que la idea de tener el mix de pensamiento estratégico y de Innovación más adecuado, es fundamental. Pero vayamos un poco más a fondo… por un lado, bien sabemos que el pensamiento estratégico da sus mejores resultados cuando integra una panorámica 360º que considere perspectivas como las de: 

  • Clientes
  • Productos y servicios 
  • Finanzas
  • Entorno
  • Procesos 
  • Tecnologías
  • Proyectos 
  • Personas

Perspectivas adecuadas, pero ante las que podemos caer en condiciones de razonamiento y de acción afectadas por la rutina, que nos llevaría a trabajar en esos 7 ejes del pensamiento estratégico, desde una perspectiva “tradicional”. Si esto se diera, pensaríamos en cada eje; sí, pero desde un marco de referencia habitual con razonamientos como:

  • … atraer a los clientes, con mecanismos de marketing y usando diversas formas de generación de mercado con el uso de canales de contacto, siendo más eficientes y productivos
  • … mejores finanzas con ahorros, reduciendo gastos y costos, manteniendo los márgenes mínimos necesarios 
  • …aplicar tecnologías para mantener la contactabilidad con los clientes y para aumentar la capacidad de venta con funcionalidades estándares
  • … dar prestaciones y esquemas que hagan que la gente se sienta bien, y dé su mejor desempeño

Al leer estos razonamientos, ninguno de ellos suena mal; en realidad son ideas correctas y muy usuales en las organizaciones, pero es tal vez ese detalle -el que sean tan usuales- lo que las hace menos poderosas, ¿por qué? Pues porque el resto de tus competidores muy probablemente estarán haciendo lo mismo -situación que no te dará ventaja alguna-; pero eso no es lo peor… el impacto silencioso pero crítico, es que los clientes no notarán algo en tus productos o servicios, que realmente les llame la atención. Estarás funcionando como Organización en el rango de los satisfactores estándares o commodities.

Es por eso que toma especial sentido el considerar que las perspectivas del pensamiento estratégico, pueden tomar especial fuerza cuando se abordan con grados suficientes de innovación integrada en ellas. Aunque cabe preguntarnos, ¿la innovación es el único camino para lograr grandes resultados?

Hay historias de éxito que nos podrían llevar a pensar que no. 

Si tu ves qué innovación ha tenido el bolígrafo de la marca Bic desde los años 50 hasta ahora, podríamos pensar que como bien lo plantea una filosofía dentro del pensamiento empresarial: hacer las cosas que funcionan, de manera consistente, con la máxima calidad, con sustento en la constancia, es una forma de demostrar que la innovación no es tan necesaria.

Sin embargo, es importante tomar en cuenta que los Bic de los años 50, innovaron mucho con respecto a los instrumentos de escritura que los precedieron. Ah, y por cierto, la marca no ha dejado de innovar en materiales para un bolígrafo que parece ser el mismo desde hace más de 74 años… parece.

La innovación es clave y es el ingrediente principal que provoca el cambio la posición de las organizaciones en el ranking de resultados, y en las preferencias de los clientes. ¿Estás de acuerdo?

Pero, ¿de qué va esta innovación de la que hablamos, y que proponemos incorporar? 

Va de que en cada perspectiva del pensamiento estratégico, se cuente con grados constantes de aporte innovador, generados a través de una cultura organizacional y con el apoyo de procesos especialmente definidos para agregar innovación en lo que se hace. Pero es momento de hacer un llamado de alerta… Es usual que cuando se habla de innovación, muchos líderes de organizaciones entren en un “dilema” que les hace tomar un camino usual y rutinario que es: dejar la innovación para mejores momentos.

Esto lo hacen porque consideran que buena parte de lo que debe requerir de su atención y de sus acciones prioritarias, está en el día a día e incluso especialmente, en atender los aspectos que en este momento resultan críticos para solventar desafíos o para resolver problemas de la Organización.

Esa mirada es apropiada en cierta medida (ya que siempre habrá cosas importantes que atender), pero si se analiza en perspectiva notaremos que trabajar con ese enfoque, posiblemente sea lo que nos haya llevado antes y nos conduzca ahora a abandonar continuamente, la oportunidad de incorporar innovación y desarrollo real, en nuestras estrategias, tácticas, operaciones y formas de accionar, por no poder situar esta actividad en nuestro día a día.

La clave entonces está en hacer que estos procesos de innovación no sean actividades monolíticas, eventuales, especiales, magnas… y que por el contrario, sean breves, continuas, puntuales, efectivas; para que con ello se genere una cultura de la innovación cotidiana que incida incluso en aspectos que puedan ser menores en cierta medida, pero que al irse sumando desde una visión estratégica, se vuelvan incrementales y altamente efectivos. De ahí que en Lemon tree recomendamos especialmente dos cosas:

  • Que los equipos de trabajo de las organizaciones aprendan técnicas de innovación
  • Hacer que cada actividad que se realice, sea revisada desde preguntas como:  
  1. ¿Lo podríamos hacer diferente?
  2. ¿Qué sería algo sorprendente?
  3. Si fuéramos la competencia y quisiéramos ir más allá de lo que logramos ahora, ¿qué haríamos?

Para el primer punto, hay técnicas que como hemos comentado en otros artículos del Limonero, ayudarán a fortalecer las competencias de generación de innovación y de creatividad en los colaboradores de las organizaciones. Lo que es necesario es que comprendamos que las competencias más valoradas ahora y en un futuro, tendrán que ver con inteligencia, con creatividad, con comunicación y colaboración, y especialmente con innovación.

El segundo punto es algo que un líder como tú puede impulsar. Va de generar una cultura organizacional donde se convoque constantemente al equipo de trabajo a que cada tarea o entregable, acción o paso del proceso dentro de sus actividades, siempre sea revisado para ver si se puede mejorar y si se puede innovar en algún sentido en él.

Entonces, ¿siempre se puede innovar? no (no siempre y no en todo)… pero sí podemos estar siempre preparados, ejercitados, probando ideas, integrando pequeños grados de innovación, que luego nos lleven a generar algo de mayor impacto. 

Piensa en esto… en tu sector, en tu especialidad, en tu industria, en todo momento hay alguien que está buscando innovar, y reflexiona acerca de que ese jugador que logrará la ventaja competitiva al lograr avances, puedes ser tú y tu equipo de trabajo. Tú decides qué hacer con esa gran oportunidad.

Si esta dinámica de innovación se consolida en tu forma natural de trabajar y en la de tu equipo de colaboradores, lograrás algo así como la “condición física” de un equipo innovador, ya que: 

  • Mantendrá una flexibilidad adecuada en los procesos de tu Organización, por el simple hecho de estar habituado a probar y a mejorar
  • Generará un espíritu de diferenciación positiva y de desarrollo en los colaboradores 
  • Impulsará el autoaprendizaje en los colaboradores y alimentará motivadores que van en el sentido de: logros, dominio de lo que hacen, autonomía al trabajar, trabajo en equipo con vínculos sanos, disfrute al tener desafíos que inviten a personas inquietas, etc..
  • Tendrá claro, qué da resultados y qué no; ya que habrá recorrido caminos diversos para buscar ser mejores, cuando otros equipos de trabajo solo se queden en los buenos deseos de lograrlo
  • Habilitará las habilidades de diseño, de resolución de problemas, de mapeo estratégico, de síntesis y de materialización de proyectos

Recuerda que no es necesaria una gran transformación generada a partir de un notorio hit de innovación único y resplandeciente… piensa en que muchas de las más grandes historias de innovación, también narran un camino de prueba y error, de serendipias y de inspiración; cosas que solo acontecen cuando estás en busca de algo. Tu rol directivo será más exitoso si además de impulsar el pensamiento estratégico y ejercerlo, integras acciones de innovación consciente en tu Organización.

Haz talleres, invita a presentar proyectos, genera laboratorios, prueba modelos champion challenger, haz benchmarks, mide mejores perspectivas de negocio y operativas, amplia los panoramas del pensamiento estratégico hacia cubrir las 7 perspectivas y esto te dará muchísimas reflexiones que generarán bases para la innovación.

La innovación no solo debe entenderse como la generación de nuevos productos o servicios, también podemos generar innovación dentro del pensamiento estratégico si lo hacemos por ejemplo: 

  • Al analizar a nuestros clientes
  • Cuando medimos el desempeño
  • Al hacer una keynote para una junta
  • Al diseñar un dashboard de indicadores 
  • Cuando realizamos una capacitación
  • Al dar una retroalimentación a los colaboradores
  • etc…

Cuando haces que la innovación forme parte del ADN de tu equipo de trabajo, generas un poder potenciador que te traerá grandes resultados.

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