El Limonero

Lo que sientes también lidera: emocionalidad y equipos que confían

Liderar no es dejar de sentir, es aprender a escuchar lo que sientes, porque las emociones no gestionadas terminan afectando el ambiente, la cultura y la conexión en los equipos. Porque sí… lo que sientes también lidera.
Liderar no es dejar de sentir, es aprender a escuchar lo que sientes, porque las emociones no gestionadas terminan afectando el ambiente, la cultura y la conexión en los equipos. Porque sí… lo que sientes también lidera.

Hay una escena que probablemente reconocerás… Estás en medio de una reunión importante, y en eso, alguien dice algo que te molesta, o que sientes injusto, o que simplemente no esperabas; y en ese instante pasan muchas cosas por tu mente y sí, por tu zona abdominal… lo que te lleva a optar por uno de dos caminos: reaccionar desde lo que sientes, o actuar desde lo que conviene.
¡Uf!, este es el tipo de situación que nos pone a prueba, y que la mayoría de los líderes resuelve bien, por haber aprendido que la segunda opción es la correcta al surgir de la contención de la reacción, para hacer algo más razonado y controlado.
Las voces internas de esos líderes les dicen: – mantén la calma-, – sé profesional-, – no dejes que las emociones interfieran con las decisiones-, – ve más allá y céntrate en lo realmente importante-.
Desde esta idea, digamos que acudir a medidas conductuales es suficiente, pero… luego te podrías dar cuenta de algo. Al hacer esto muchas veces, lejos de protegerte y de resultar benéfico, se puede estar creando un problema más profundo del que resuelve en ese momento.
El punto detrás de todo esto es que las emociones no desaparecen cuando las ignoras o solo las “controlas”. Si no se gestionan debidamente, se convierten en clima, y eso -créenos-, no es algo que quieres que te suceda…
Este es el segundo artículo de nuestra serie sobre liderazgo desde adentro. Si aún no haz leído o escuchado el primero, te recomendamos empezar por ahí, sobre todo porque hablamos de autoconocimiento y de por qué, antes de liderar a otras personas, necesitas liderarte a ti mismo. En este segundo episodio daremos un paso más en este trabajo del líder, reflexionando en torno a la emocionalidad como herramienta de liderazgo real.

¿Sabías que existe el mito del líder que no siente?
Durante mucho tiempo, en el mundo corporativo se construyó un ideal de liderazgo que tenía muy poco espacio para las emociones. La persona líder efectiva era racional, firme, poco afectada por lo que ocurría a su alrededor. ¿Te suena familiar? Aún hay rastros visibles de este tipo de líderes.
Pero gradualmente las cosas han ido cambiando y se ha estudiado mucho más, acerca de la forma en que las personas aportan valor en lo que hacen, y hoy sabemos que ese modelo no solo era incompleto, sino que era dañino. Esto porque gran parte del problema de las personas que trabajaban bajo ese paradigma sí sentían, sí se emocionaban, sí tenían dudas, sí titubeaban y sí necesitaban de ayuda… pero lo reprimían para evitar señales de debilidad, al no saber cómo gestionar su lado humano. Así, evitaban interiorizar y trabajar con lo que sentían.

Marian Rojas Estapé explica que la gestión emocional no consiste en no sentir -herramienta inapropiada de la que echaba mano este tipo de líderes-.

En realidad la gestión emocional que se puede aplicar con éxito, consiste en entender qué estás sintiendo, de dónde viene eso, y qué quieres hacer con ello.

Así, podemos ver que si bien la diferencia entre un líder que gestiona sus emociones y uno que las suprime puede parecer pequeña desde afuera, en realidad es muy importante para la persona en su interior, y para la relación de esta con su equipo de colaboradores. Es claro: el líder que suprime acumula; y lo que acumula eventualmente explota o genera un bloqueo. Esto inevitablemente genera distancias que su equipo empieza a sentir sin poder comprender.
Pero en otro escenario, el líder que sí gestiona sus emociones, puede vivir aspectos muy positivos, como: estar presente de verdad, tomar decisiones difíciles sin que el peso emocional implicado nuble su juicio, y puede sostener conversaciones que otros evitan. Todo gracias a su estabilidad emocional.

¿Qué pasa cuando las emociones se vuelven cultura?

Algo importante que pocos líderes consideran es que: su estado emocional no es privado. Se irradia.
Ana Ibáñez, en “Sorprende a tu mente”, describe cómo el cerebro humano es profundamente social y clarifica un fundamento primordial: estamos diseñados para sintonizarnos con las emociones de quienes nos rodean -y nos dirigen-. Así, cuando el líder de un equipo opera desde la ansiedad crónica, desde la desconfianza, con estrés constante o desde la irritabilidad contenida, esas emociones se dispersan en el aire que respira todo el equipo.
Esto es delicado y es tan profundo su efecto, que si te pasa como líder, no hace falta que lo digas en voz alta… no hace falta ni siquiera que tú lo notes, o que se hable de ello… y es que tus colaboradores lo pueden percibir desde la manera en cómo abres una reunión, en el tono de tus mensajes de WhatsApp a las 9 de la noche, en detalles como cuando preguntas cómo están, o si solo preguntas cómo van los avances.
Lo que es un hecho es que en Lemon planteamos estas vivencias que se dan en muchas empresas, no para generarte culpa como líder si te ha pasado algo así, sino para que te des cuenta del poder que tienes, y de lo importante que es usarlo con conciencia.
Tú puedes elegir el escenario final a vivir en ti y en tu empresa, a partir de la cultura que propicies para el manejo de las emociones.
La elección tendrá un gran punto de partida cuando veas a la gestión emocional como una competencia de liderazgo.

En Lemon tree colocamos el manejo emocional en un alto nivel de prioridad, y es a partir de esto que conceptualizamos el Liderazgo Orgánico que impulsamos, donde la gestión emocional no es un plus; es una competencia central, tan importante como saber leer un estado financiero o definir una estrategia comercial o de negocio.

Tal vez te preguntes cómo se desarrolla…
Bien pues todo empieza en ti, por algo aparentemente simple: nombrar lo que sientes.
Suena básico, pero en la práctica, muchos líderes tienen un vocabulario emocional muy limitado en el que todo se resume en “estoy bien”, “estoy saturado”, u otras ligeras variantes. El tema es que esa imprecisión descriptiva hace que sea muy difícil entender y enfocar qué está pasando realmente, y por ende, es mucho más complicado hacer algo al respecto.
Para romper esta barrera, Rojas Estapé propone volver a la pregunta fundamental: ¿qué necesito? No en el sentido de lo que te falta a nivel profesional o material, sino en lo más básico: ¿necesitas descanso? ¿Necesitas ser escuchado? ¿Necesitas más claridad sobre algo que te genera incertidumbre? ¿Requieres hablar con alguien?…
Cuando un líder aprende a responder esa pregunta con honestidad, es capaz de cambiar la calidad de sus decisiones y de sus acciones ante su plano emocional, naturalmente cambia también la calidad de sus relaciones con el equipo.

Pensemos en lo que puede lograr un equipo que confía en un líder que se conoce
Una realidad en las organizaciones es que hay algo que los colaboradores del equipo de trabajo detectan casi instintivamente: si su líder es auténtico o no.
No hablamos de que vean en esa persona un grado de perfección, de hecho no es usual que los colaboradores pidan líderes perfectos -sobra decir que saben bien que están ante seres humanos-. Lo que sí piden son líderes presentes, y entre otras cosas, que sean congruentes; es decir, que cuando digan que están bien, realmente lo estén; que cuando algo no esté bien, lo reconozcan sin drama y con claridad.
Cuando se tiene por parte del líder este tipo de autenticidad emocional, se construye algo muy valioso en el equipo… la llamada: seguridad psicológica; esa capacidad que desarrollan los miembros del equipo para hablar con libertad, para señalar problemas sin miedo, para proponer ideas aunque sean imperfectas, y por ende, para reforzar la cultura de colaboración orgánica.
¿Vale la pena impulsar este tipo de seguridad? pues tú podrás decidirlo… piensa en esto: los equipos con seguridad psicológica desarrollada, según décadas de investigación organizacional, son los que más innovan, los que mejor resuelven problemas y los que se mantienen unidos cuando vienen los momentos difíciles. Seguramente algo de esto servirá en un panorama como el que vivimos ahora en las empresas ¿no crees?
Es por eso que el Lemon tree pensamos que es importante que sepas cultivar el arte de cuidarte, de guiarte de manera orgánica y de conocerte mejor, para impulsar equipos emocionalmente sanos y enfocados para dar su mejor aporte porque confían en ti.

Te invitamos a realizar un ejercicio para esta semana


Antes de tu próxima reunión con tu equipo de colaboradores, hazte tres preguntas:
¿Cómo llego emocionalmente a este espacio? ¿Qué estoy cargando?
¿Qué necesito dejar fuera para estar presente de verdad?
¿Hay algo que mi equipo necesita de mí hoy, que no sean solo instrucciones o revisión de avances?


La verdad, no tienes que compartir las respuestas con nadie, pero hacerte estas preguntas cambiará la forma en que te sentirás y en la manera en que aportarás a tu equipo en ese espacio.
¡Prueba!
En el tercer y último artículo de esta serie, hablaremos de comunicación no violenta: qué significa hablar desde un lugar que conecta, en lugar de uno desde el que se divide, y cómo eso transforma las conversaciones difíciles en oportunidades de construcción.
Nos vemos la próxima semana.